martes, 4 de abril de 2017

El queso que canta me encanta

Resulta que en la Galia el amor por el francés es tal, que no sólo las personas que hablan esta lengua son francófonas, sino que el adjetivo también se usa para otras muchas cosas, como por ejemplo, para hablar de las especialidades culinarias. Así, en vez de decir que vas a degustar un plato francés puedes decir que vas a probar un plato francófono y quedarte tan ancho. Yo, sin embargo, no me acostumbro y cada vez que oigo lo de “comida francófona” me imagino ancas de rana rajando por los codos, peras conferencia (poires conférence) dando una charla, micrófono en mano, y quesos cantando a pies, eso sí, haciendo perfectas erres guturales.
Por otra parte, hablando de conceptos raros, el adjetivo “culinario”, que no deja de parecer una mezcla de las palabras “culo” y “urinario” tampoco parece el más apropiado para hablar de comida, aunque es bastante consecuente, si tenemos en cuenta el fin, que no finalidad, de los productos ingeridos. Seguro que alguien ya está pensando que “culinario” viene del latín y que patatín y que patatán, y sólo puedo responder que “culinarius” viene de “culus et urinarius” y si no me crees búscalo en el diccionarius.
Además, en francés también existe el sustantivo “francophonie” “francofonía”, sin embargo, en español no hay un término homólogo, el diccionario de la RAE no reconoce la palabra “hispanofonía”, y en su lugar, te sugiere en su lugar “hispanofobia”, que imagino que tiene que ser parecido, porque se escribe casi igual.
El caso es que la fiesta internacional de la francofonía o francofobia, se celebró el pasado día 20 de marzo y a una compañera china, a la que llamaremos, por proteger su identidad, “meizuo” (que en chino puede significar “bello hacer”) y a “moi” nos tocó trabajar juntas y escribir un artículo sobre un personaje francófono. Elegimos a la escritora Amélie Nothomb, de nacionalidad belga.
Como a mí me gusta escribir y es más fácil redactar en francés para una hispanófona que para una sinoparlante  (la palabra sinófona no existe, tampoco sinoparlante, en cambio, bluyín para decir pantalón vaquero sí, ole la RAE)  decidimos que yo iba a ocuparme de su vida y su obra y ella iba a dedicarse a detallar sus reconocimientos, premios y títulos.
El problema es que “meizuo”, que también puede significar y significa “no lo he hecho”, en honor a su nombre, no realizó prácticamente rien de rien. Asimismo, se sirvió de la técnica del "corta y pega wikipedil” para confeccionar sus ocho líneas (no me pidáis que os explique el origen etimológico de “wikipedil”, porque soy capaz de atender vuestra petición) y, como resultado, la profesora eliminó la mitad de su parte del texto. Como al final su contribución había quedado tan mermada, me dio pena y le sugerí que fuera ella la que introdujera dos cosillas que la profesora nos había pedido que añadiéramos. No obstante, resulta que a Meizuo no le importaba nada tener menos líneas y me dijo que prefería que lo hiciera yo, que ella se iba a encargar de diseñar  el texto y la foto en la maqueta. Me pareció perfecto.
Posando cual rusa o china 1.
Al cabo de unos días me envió el resultado, y cuál fue mi sorpresa al apreciar que Meizuo había colocado el título en medio del texto.  Pensando que se trataba de un error le expliqué el problema, pero ella me contestó “ya lo sé, pequeño saltamontes, pero es que era muy difícil hacer alteraciones en ese formato”, bueno, quizá no utilizó ese apelativo, pero os hacéis a la idea.
Yo traté de convencerle de la importancia de que el título encabezara el texto, de que no se trataba de un capricho mío, y finalmente, accedió a cambiarlo. Pero, naranjas de la china, Meizuo, como buena china, se hizo la sueca, decidió puentearme y envió el texto sin modificar directamente a la profesora, extremo que sólo descubrí días después, cuando casualmente me encontré con esta última. Normalmente este tipo de actitud irresponsable me suele enfadar, pero en este caso, no me inmuté lo más mínimo.  Lo acepté como algo cultural, es el “así vale” chino el “tampoco hay que matarse a hacerlo bien”. Y sé que hay chinos perfeccionistas, concienzudos y que el “aceptable” y el “excelso" conviven en armonía en el País del Medio (China en mandarín es Zhong medio Guo país). Sé que todo es relativo y que si se buscan las diferencias se encuentran, del mismo modo que, si se tratan de apreciar similitudes, es muy fácil dar con ellas. Pasa con todas las nacionalidades. Cuando estuvimos en Camboya cogimos un bote y el barquero nos preguntó si éramos rusos y le dije que no, que españoles y él me contesto: “¡Ah bueno, es lo mismo, pero diferente!” Me reí como asintiendo, porque tenía razón, pero no la tenía.
posando cual rusa o china 3,
dad gracias a que no pose en bikini.
Posando cual rusa o china 2.


Autora: La Col China.


jueves, 30 de marzo de 2017

Saber morir.

Canción de acompañamiento recomendada:"Death with dignity" de Sufjan Stevens

Kerry George Hamil fue un hombre que supo morir. Su historia, infinitamente triste, encierra una bella lección de vida que hoy os quiero contar.
Era el verano de 1978, Kerry tenía 27 años y él y su amigo, el canadiense Stuart Glass, de su misma edad, recorrían el sudeste asiático a bordo del “Foxy Lady”*, una modesta embarcación de segunda mano típica de Malasia, que habían comprado algunos meses antes. Me gusta pensar que, aunque la barca no era nueva, fueron ellos quienes la bautizaron así, huyendo de otros nombres más convencionales como  el “Mary” o el “Rose”, quizá en homenaje a la canción homónima de Jimmy Hendrix. En todo caso, después de realizar algunas reparaciones, se habían lanzado a ver mundo y vivían viajando. En cada nuevo destino descubrían algo nuevo. Me los imagino viendo como las realidades se ampliaban y redefinían en cada lugar que pisaban, como si el mundo fuera un rutilante caleidoscopio en continuo movimiento y ellos tuvieran el poder absoluto de mantenerlo en cambio. Su sueño era ahorrar para poder comprar un barco mayor y, quizá, algún día, dar la vuelta al globo. Para costear esta vida nómada, hacían trabajillos, pescaban y organizaban excursiones.
Kerry escribía a su familia regularmente. Cada vez que llegaba una carta, toda la familia se arremolinaba en torno a la mesa de la cocina y el padre la leía en voz alta. Si cierro los ojos puedo ver su letra de médico describiendo las personas y lugares que se mostraban ante ellos; los olores del aire; el aspecto de la fruta dragón o el sabor del curry; la sensación de libertad al caminar descalzo por los templos. Pienso que también les hablaba del mar, de los reflejos de luz en el agua transparente, de todos sus azules y verdes, de arenas blanco cocaína, las palmeras vagas y de fondos marinos llenos de coral y serpientes.
En julio de 1978, Kerry envió su última carta desde Singapur. Después, él y Stuart se dirigieron a Kuala Lumpur donde pasaron unas semanas. Allí, conocieron al británico John Dewhirst, un profesor de 26 años de espíritu aventurero que amaba escribir y que decidió unirse a ellos, al menos temporalmente. Se cree que, tras dejar Malasia, los tres enfilaron hacia Tailandia. Querían llegar hasta a Bangkok y probablemente, estando en camino, un día de agosto, a causa de alguna tormenta, el Foxy lady, se vio forzada a entrar en aguas camboyanas.
Era mal momento para pasar por aquel lugar. El país estaba sumido en un régimen de terror y, bajo la excusa de instaurar el comunismo, se estaba exterminando a todo al que osara a levantar la mirada del suelo, o fuera acusado de ello. Una de las consignas de Pol Pot, líder del régimen revolucionario, era “vale más matar a un inocente por error que exonerar a un culpable”. Y había que acabar con las familias también, para que no se vengaran; y con los intelectuales, por pensar, por saber. En cuatro años que duró su régimen (1975-1979) un cuarto de la población murió asesinada o como consecuencia de los trabajos forzosos, la hambruna y enfermedades, puesto que los médicos fueron perseguidos también.
Así, cuando los Jemeres rojos divisaron una embarcación extranjera, sospechando que podía tratarse de un barco espía, abrieron fuego y después la abordaron. La suerte de estos tres amigos quedó sellada. Stuart fue asesinado en el acto. Kerry y John tuvieron, si cabe, menos suerte y, tras ser capturados, fueron trasladados a la capital, Phnom Penh, a la prisión S-21, un eufemismo para denominar aquel centro de ejecución, uno de los al menos 150 que existían en la época.  
Y al frente de aquel  lugar, antaño una escuela, se hallaba el Camarada Duch. Este hombre, sumamente brillante en el plano académico, en su juventud había sido un entregado profesor de matemáticas en un pequeño pueblo llamado Skoun. Normalmente esto hubiera sido suficiente para morir bajo el nuevo régimen pero, pese a tal borrón en su historial, tenía la confianza de Pol Pot y poseía la experiencia requerida para el cargo, pues había atravesado un calvario similar al que ahora iba a administrar. Hacía años, él mismo había sufrido torturas y un encarcelamiento injusto por sus ideas comunistas. Puede que fuera durante este periodo cuando le despojaran de toda humanidad, quizá no supo escapar del cliché de la víctima convertida en verdugo.
De lo que no hay duda es de que el camarada dirigía el lugar con puño de hierro y se encargaba de que sus nuevos “pupilos”, los futuros guardas de prisión, muchas veces casi niños, seleccionados entre los campesinos “más puros” -sin ningún vínculo con la burguesía- se prepararan para destrozar la razón a golpes, no dudaran en aplastar cabezas y aprendieran a arrancarse la piedad del alma tira a tira. Una vez “convertidos”, aplicaban las técnicas estudiadas sin vacilar, descargas eléctricas, forzamiento a la ingesta de heces, golpes...pero nada que comportara la muerte inmediata. El objetivo era causar dolor a los prisioneros sin “perder  maestría”, es decir, sin acabar con sus vidas, al menos no hasta que confesaran. Después, tras lograr sus declaraciones, les daban muerte, pero sin malgastar balas, era preferible emplear métodos más económicos como los cuchillazos, los golpes. Las fotos de muchos de estos guardas, con sus miradas muertas, se exhiben en la actualidad en el lugar**. Era extremadamente sencillo caer en desgracia. Hasta 563 de los trabajadores del S-21 terminaron siendo asesinados por el régimen y, muchos de ellos, incluso acabarían sus días como prisioneros dentro del propio centro. Al igual que al menos otros  12.000 camboyanos*** ; del mismo modo que Kerry y John. Todos desfilaron por aquel infierno sin sentido, sin saber muy bien de qué se les acusaba. La mayoría aguantaba un mes, a lo sumo dos, hasta que, cuando ya no podían más, aceptaban confesar crímenes inventados para escapar de aquel horror, aunque supieran que la única salida era la  muerte.
 Kerry, se sostuvo dos largos meses. Después decidió confesar, pero, aun sabiendo que iba a morir, fue capaz de mantener una gran lucidez mental. En sus declaraciones se aprecian  toques de agudeza e incluso de humor: utilizó su escrito para reírse de sus captores y delató como superiores al Coronel Sanders (de Kentuky Fried Chicken) y al Capitán Pepper, (un guiño al álbum de los Beatles) Asimismo, salpicó el texto con otras referencias a la cultura occidental popular de la época, que a los camboyanos se les escapaban. Y, sobretodo, no olvidó dejar un sutil y tierno mensaje a su madre, Esther, a la que mencionó como profesora de oratoria (“S. Tarr”)****.Sus últimas palabras fueron una perfecto salto mortal con el que se elevó hasta un lugar dónde sus captores no podían llegar, allá donde las luces de la razón brillan.
Por eso, hoy quiero brindar por él con una “panaché*****” (que soy una blandita). Por Kerry, porque supo vivir y morir. Por esos días bajo el sol y esas noches que pasó con sus amigos bebiendo, cantando y nadando en las cálidas aguas de los mares del Sur de China y Andaman. Espero que tuviera oportunidad de bañarse contemplando el plancton luminiscente.

 Autora: La col china.

*Significa algo así como “lady sexy”.
** La prisión s-21 ahora alberga un museo para preservar la memoria histórica.
***(algunos de los ex-carceleros dicen que la cifra se eleva a 30.000
**** S. Tarr se pronuncia de modo muy similar o idéntico a Esther
***** Cerveza con limón, lo que se dice una shandy, una pika,  una clara, o incluso "champú" si hablas francés raro del sur de la France.