domingo, 11 de junio de 2017

De las ganas de usucapir y el chupa-chups manchú.

Decía Hemingway que en el arte de la escritura es preferible mostrar una mínima parte de lo que se pretende contar y dejar que se transluzca el resto. Es lo que él denominaba la “Teoría del Iceberg”. Vamos, que no hay que mostrar toda la lechuga. Ahora, no entiendo por qué tenía que recurrir a símbolos vegetales, pudiendo usar como ejemplo a Madonna, que hace lo mismo con su pechuga cuando se pone un top escotado, pero sin tanta pose intelectual. 
Amar chinamente, también es un poco eso, hacer un poco el iceberg, que el amor se entrevea, pero sin pasarse con las palabras ni con las muestras de afecto públicas (todavía me acuerdo de lo violenta que se sintió la señora de la limpieza que nos ayudaba en Tianjin cuando presenció cómo Mikel me plantaba un beso en la frente). Por ejemplo, entre parejas, lo suyo es hacer un regalo, a ser posible muy caro, decir te quiero sin más no resulta muy creíble y, además, haces que tu pareja “pierda la cara” 丢脸 (duilian), porque a ojos de la sociedad china no la amas lo suficiente. Por otra parte, a veces, en occidente también nos pasamos al revés. Hay quienes revalidan verbalmente su amor a todas horas y al final se convierte en algo automático, sin significado alguno. Una vez, cuando trabajaba en el bufete, a un compañero, el abogado de la parte contraria, le soltó un “te quiero, adiós” de despedida que le sacó los colores. Claro, que igual tal declaración no fue un error, porque, ya se sabe lo que pasa, tanto hablar de usufructos y servidumbres, uno termina queriendo usucapir* al otro. Además, mi compañero era de los que llevaba las corbatas demasiado cortas y calcetines sin suspensores, vamos, un pendón. 
En cuanto a las manifestaciones de amor filial en China, sucede lo mismo. Allí Edipo y Yocasta (nombre con guasa, que demuestra que no hay que desafiar a las Moiras a la hora de bautizar, véase también Titanic, Challenger, Armada Invencible…si quieres que tu nave triunfe llámala “Mierdecita andante” y si prefieres una hija recatada llámala Yopelandrusca). El caso es que en la cultura china, en general, los padres y los hijos no se dicen "te quiero" muy a menudo**. De hecho, muchos chinos no han escuchado nunca dicha frase de labios de sus progenitores, no sea que les salgan blandengues y sensibleros. Los más desconfiados incluso sospechan cuando escuchan este tipo de expresiones, como demuestran por ejemplo las respuestas graciosas que recopiló la radio china cuando yo aún vivía allí, de madres despistadas, al recibir mensajes de amor de sus hijos, sin saber que era con ocasión precisamente del Día de la Madre:
 “Mamá, te quiero”
1.- ¿Estas embarazada?
2.- ¿Necesitas dinero?
3.- ¿Tienes cáncer?
4.- ¿En que lío te has metido?
En el pais con forma de gallina, el amor se demuestra indirectamente, cuidando de los otros. Sobre todo por medio de las artes culinarias (si os interesa la etimología de culinario haced click aquí), sirviendo a los demás comida (aunque sea utilizando los palillos que te has metido previamente a la boca), premasticando los alimentos de los vástagos***...En fin, lo normal. 
De todos modos, creo que la forma de relacionarse dentro de las familias está cambiando, y que las generaciones más jóvenes son más afectuosas. Por ejemplo, en la serie “Papá a dónde vamos”, un reality show de la Televisión Pública China en el que padres famosos se llevan a sus hijos de excursión, sin las madres, no es raro oír a los padres y a los hijos decirse “te quiero” con toda naturalidad. Incluso, y eso es más chocante para muchos de nosotros, occidentales, los besitos en los labios a los niños pequeñitos están aceptados socialmente sin problema, incluso si el beso no proviene del padre de la criatura, sino del padre de alguno de sus amiguitos.  Vamos, que lo de Beckham y su hija probablemente hubiera pasado desapercibido por aquellos lares.
Un aplauso a la autora anónima de
este dibujo/tropelía, que tiene mérito
porque está claro que no recibió
ninguna ayuda se sus padres.
Es evidente que las formas de mostrar cariño son culturales y están cargadas de connotaciones y asociaciones mentales que hacen que nos resulten reprobables o no, dependiendo de nuestra educación y de la sociedad. El ejemplo más claro de esto es el del chupa-chups manchú. Los manchúes, en el pasado veían normal practicar felaciones a sus bebés varones y toquetear en sus partecitas a las niñas, y sin embargo darles un beso en la mejilla les parecía una guarrerida deleznable. Para saber más pincha aquí. Y claro, dirán que lo del chupa-chups no les traumatizaba, pero yo creo que sí, que las secuelas a veces no aparecen al momento, pero terminan por salir a la luz en la edad adulta. Prueba irrefutable del trauma es el peinado criminal que adoptaban sistemáticamente y que podéis contemplar en la foto de la derecha. Y encima cortaban la cabeza a los chinos de otras etnias que no siguieran el estilo establecido.
En fin, es difícil para nosotros, al menos para mí, entender este tipo de muestra de afecto, incluso aunque las connotaciones sexuales también sean una cuestión relativa. Es verdad que en Europa, hubo una época en que mostrar el tobillo o los pololos era escandaloso, pero al mismo tiempo llevar generosísimos escotes estaba de moda. Sin embargo, y por más abierta que quiera ser, una estimulación directa de los genitales no me parece justificable. Seré etnocentrista pero es que todo tiene que tener unos límites. Si no voy a proponer que para expresar nuestros buenos deseos a los demás nos dediquemos a tirarnos fuerte de las orejas. ¡Ah, no, que eso ya está cogido!
Autora: La Col China, dándoselas de lechuga iceberg.


* Hacerse dueño de algo mediante su uso continuado.
**En realidad, esto es discutible, como siempre que se generaliza, y más al hablar de un país tan grande y tan inmerso en cambios como es China, pero culturalmente, las manifestaciones de afecto son escasas.
*** Esto no es habitual, de hecho yo nunca lo he visto hacer, solo he oído que hay gente que lo sigue haciendo. En todo caso, al documentarme para escribir esta entrada he descubierto que resulta que en occidente también hay personas que propugnan esta práctica y que Alicia Silverstone, es un ejemplo. Quizá sea cierto que tenga grandes ventajas, pero a día de hoy, con mis prejuicios la comida premasticada me resulta difícil de digerir, incluso aunque sea quizá el antecedente histórico de los besos

martes, 4 de abril de 2017

El queso que canta me encanta

Resulta que en la Galia el amor por el francés es tal, que no sólo las personas que hablan esta lengua son francófonas, sino que el adjetivo también se usa para otras muchas cosas, como por ejemplo, para hablar de las especialidades culinarias. Así, en vez de decir que vas a degustar un plato francés puedes decir que vas a probar un plato francófono y quedarte tan ancho. Yo, sin embargo, no me acostumbro y cada vez que oigo lo de “comida francófona” me imagino ancas de rana rajando por los codos, peras conferencia (poires conférence) dando una charla, micrófono en mano, y quesos cantando a pies, eso sí, haciendo perfectas erres guturales.
Por otra parte, hablando de conceptos raros, el adjetivo “culinario”, que no deja de parecer una mezcla de las palabras “culo” y “urinario” tampoco parece el más apropiado para hablar de comida, aunque es bastante consecuente, si tenemos en cuenta el fin, que no finalidad, de los productos ingeridos. Seguro que alguien ya está pensando que “culinario” viene del latín y que patatín y que patatán, y sólo puedo responder que “culinarius” viene de “culus et urinarius” y si no me crees búscalo en el diccionarius.
Además, en francés también existe el sustantivo “francophonie” “francofonía”, sin embargo, en español no hay un término homólogo, el diccionario de la RAE no reconoce la palabra “hispanofonía”, y en su lugar, te sugiere en su lugar “hispanofobia”, que imagino que tiene que ser parecido, porque se escribe casi igual.
El caso es que la fiesta internacional de la francofonía o francofobia, se celebró el pasado día 20 de marzo y a una compañera china, a la que llamaremos, por proteger su identidad, “meizuo” (que en chino puede significar “bello hacer”) y a “moi” nos tocó trabajar juntas y escribir un artículo sobre un personaje francófono. Elegimos a la escritora Amélie Nothomb, de nacionalidad belga.
Como a mí me gusta escribir y es más fácil redactar en francés para una hispanófona que para una sinoparlante  (la palabra sinófona no existe, tampoco sinoparlante, en cambio, bluyín para decir pantalón vaquero sí, ole la RAE)  decidimos que yo iba a ocuparme de su vida y su obra y ella iba a dedicarse a detallar sus reconocimientos, premios y títulos.
El problema es que “meizuo”, que también puede significar y significa “no lo he hecho”, en honor a su nombre, no realizó prácticamente rien de rien. Asimismo, se sirvió de la técnica del "corta y pega wikipedil” para confeccionar sus ocho líneas (no me pidáis que os explique el origen etimológico de “wikipedil”, porque soy capaz de atender vuestra petición) y, como resultado, la profesora eliminó la mitad de su parte del texto. Como al final su contribución había quedado tan mermada, me dio pena y le sugerí que fuera ella la que introdujera dos cosillas que la profesora nos había pedido que añadiéramos. No obstante, resulta que a Meizuo no le importaba nada tener menos líneas y me dijo que prefería que lo hiciera yo, que ella se iba a encargar de diseñar  el texto y la foto en la maqueta. Me pareció perfecto.
Posando cual rusa o china 1.
Al cabo de unos días me envió el resultado, y cuál fue mi sorpresa al apreciar que Meizuo había colocado el título en medio del texto.  Pensando que se trataba de un error le expliqué el problema, pero ella me contestó “ya lo sé, pequeño saltamontes, pero es que era muy difícil hacer alteraciones en ese formato”, bueno, quizá no utilizó ese apelativo, pero os hacéis a la idea.
Yo traté de convencerle de la importancia de que el título encabezara el texto, de que no se trataba de un capricho mío, y finalmente, accedió a cambiarlo. Pero, naranjas de la china, Meizuo, como buena china, se hizo la sueca, decidió puentearme y envió el texto sin modificar directamente a la profesora, extremo que sólo descubrí días después, cuando casualmente me encontré con esta última. Normalmente este tipo de actitud irresponsable me suele enfadar, pero en este caso, no me inmuté lo más mínimo.  Lo acepté como algo cultural, es el “así vale” chino el “tampoco hay que matarse a hacerlo bien”. Y sé que hay chinos perfeccionistas, concienzudos y que el “aceptable” y el “excelso" conviven en armonía en el País del Medio (China en mandarín es Zhong medio Guo país). Sé que todo es relativo y que si se buscan las diferencias se encuentran, del mismo modo que, si se tratan de apreciar similitudes, es muy fácil dar con ellas. Pasa con todas las nacionalidades. Cuando estuvimos en Camboya cogimos un bote y el barquero nos preguntó si éramos rusos y le dije que no, que españoles y él me contesto: “¡Ah bueno, es lo mismo, pero diferente!” Me reí como asintiendo, porque tenía razón, pero no la tenía.
posando cual rusa o china 3,
dad gracias a que no pose en bikini.
Posando cual rusa o china 2.


Autora: La Col China.


jueves, 30 de marzo de 2017

Saber morir.

Canción de acompañamiento recomendada:"Death with dignity" de Sufjan Stevens

Kerry George Hamil fue un hombre que supo morir. Su historia, infinitamente triste, encierra una bella lección de vida que hoy os quiero contar.
Era el verano de 1978, Kerry tenía 27 años y él y su amigo, el canadiense Stuart Glass, de su misma edad, recorrían el sudeste asiático a bordo del “Foxy Lady”*, una modesta embarcación de segunda mano típica de Malasia, que habían comprado algunos meses antes. Me gusta pensar que, aunque la barca no era nueva, fueron ellos quienes la bautizaron así, huyendo de otros nombres más convencionales como  el “Mary” o el “Rose”, quizá en homenaje a la canción homónima de Jimmy Hendrix. En todo caso, después de realizar algunas reparaciones, se habían lanzado a ver mundo y vivían viajando. En cada nuevo destino descubrían algo nuevo. Me los imagino viendo como las realidades se ampliaban y redefinían en cada lugar que pisaban, como si el mundo fuera un rutilante caleidoscopio en continuo movimiento y ellos tuvieran el poder absoluto de mantenerlo en cambio. Su sueño era ahorrar para poder comprar un barco mayor y, quizá, algún día, dar la vuelta al globo. Para costear esta vida nómada, hacían trabajillos, pescaban y organizaban excursiones.
Kerry escribía a su familia regularmente. Cada vez que llegaba una carta, toda la familia se arremolinaba en torno a la mesa de la cocina y el padre la leía en voz alta. Si cierro los ojos puedo ver su letra de médico describiendo las personas y lugares que se mostraban ante ellos; los olores del aire; el aspecto de la fruta dragón o el sabor del curry; la sensación de libertad al caminar descalzo por los templos. Pienso que también les hablaba del mar, de los reflejos de luz en el agua transparente, de todos sus azules y verdes, de arenas blanco cocaína, las palmeras vagas y de fondos marinos llenos de coral y serpientes.
En julio de 1978, Kerry envió su última carta desde Singapur. Después, él y Stuart se dirigieron a Kuala Lumpur donde pasaron unas semanas. Allí, conocieron al británico John Dewhirst, un profesor de 26 años de espíritu aventurero que amaba escribir y que decidió unirse a ellos, al menos temporalmente. Se cree que, tras dejar Malasia, los tres enfilaron hacia Tailandia. Querían llegar hasta a Bangkok y probablemente, estando en camino, un día de agosto, a causa de alguna tormenta, el Foxy lady, se vio forzada a entrar en aguas camboyanas.
Era mal momento para pasar por aquel lugar. El país estaba sumido en un régimen de terror y, bajo la excusa de instaurar el comunismo, se estaba exterminando a todo al que osara a levantar la mirada del suelo, o fuera acusado de ello. Una de las consignas de Pol Pot, líder del régimen revolucionario, era “vale más matar a un inocente por error que exonerar a un culpable”. Y había que acabar con las familias también, para que no se vengaran; y con los intelectuales, por pensar, por saber. En cuatro años que duró su régimen (1975-1979) un cuarto de la población murió asesinada o como consecuencia de los trabajos forzosos, la hambruna y enfermedades, puesto que los médicos fueron perseguidos también.
Así, cuando los Jemeres rojos divisaron una embarcación extranjera, sospechando que podía tratarse de un barco espía, abrieron fuego y después la abordaron. La suerte de estos tres amigos quedó sellada. Stuart fue asesinado en el acto. Kerry y John tuvieron, si cabe, menos suerte y, tras ser capturados, fueron trasladados a la capital, Phnom Penh, a la prisión S-21, un eufemismo para denominar aquel centro de ejecución, uno de los al menos 150 que existían en la época.  
Y al frente de aquel  lugar, antaño una escuela, se hallaba el Camarada Duch. Este hombre, sumamente brillante en el plano académico, en su juventud había sido un entregado profesor de matemáticas en un pequeño pueblo llamado Skoun. Normalmente esto hubiera sido suficiente para morir bajo el nuevo régimen pero, pese a tal borrón en su historial, tenía la confianza de Pol Pot y poseía la experiencia requerida para el cargo, pues había atravesado un calvario similar al que ahora iba a administrar. Hacía años, él mismo había sufrido torturas y un encarcelamiento injusto por sus ideas comunistas. Puede que fuera durante este periodo cuando le despojaran de toda humanidad, quizá no supo escapar del cliché de la víctima convertida en verdugo.
De lo que no hay duda es de que el camarada dirigía el lugar con puño de hierro y se encargaba de que sus nuevos “pupilos”, los futuros guardas de prisión, muchas veces casi niños, seleccionados entre los campesinos “más puros” -sin ningún vínculo con la burguesía- se prepararan para destrozar la razón a golpes, no dudaran en aplastar cabezas y aprendieran a arrancarse la piedad del alma tira a tira. Una vez “convertidos”, aplicaban las técnicas estudiadas sin vacilar, descargas eléctricas, forzamiento a la ingesta de heces, golpes...pero nada que comportara la muerte inmediata. El objetivo era causar dolor a los prisioneros sin “perder  maestría”, es decir, sin acabar con sus vidas, al menos no hasta que confesaran. Después, tras lograr sus declaraciones, les daban muerte, pero sin malgastar balas, era preferible emplear métodos más económicos como los cuchillazos, los golpes. Las fotos de muchos de estos guardas, con sus miradas muertas, se exhiben en la actualidad en el lugar**. Era extremadamente sencillo caer en desgracia. Hasta 563 de los trabajadores del S-21 terminaron siendo asesinados por el régimen y, muchos de ellos, incluso acabarían sus días como prisioneros dentro del propio centro. Al igual que al menos otros  12.000 camboyanos*** ; del mismo modo que Kerry y John. Todos desfilaron por aquel infierno sin sentido, sin saber muy bien de qué se les acusaba. La mayoría aguantaba un mes, a lo sumo dos, hasta que, cuando ya no podían más, aceptaban confesar crímenes inventados para escapar de aquel horror, aunque supieran que la única salida era la  muerte.
 Kerry, se sostuvo dos largos meses. Después decidió confesar, pero, aun sabiendo que iba a morir, fue capaz de mantener una gran lucidez mental. En sus declaraciones se aprecian  toques de agudeza e incluso de humor: utilizó su escrito para reírse de sus captores y delató como superiores al Coronel Sanders (de Kentuky Fried Chicken) y al Capitán Pepper, (un guiño al álbum de los Beatles) Asimismo, salpicó el texto con otras referencias a la cultura occidental popular de la época, que a los camboyanos se les escapaban. Y, sobretodo, no olvidó dejar un sutil y tierno mensaje a su madre, Esther, a la que mencionó como profesora de oratoria (“S. Tarr”)****.Sus últimas palabras fueron una perfecto salto mortal con el que se elevó hasta un lugar dónde sus captores no podían llegar, allá donde las luces de la razón brillan.
Por eso, hoy quiero brindar por él con una “panaché*****” (que soy una blandita). Por Kerry, porque supo vivir y morir. Por esos días bajo el sol y esas noches que pasó con sus amigos bebiendo, cantando y nadando en las cálidas aguas de los mares del Sur de China y Andaman. Espero que tuviera oportunidad de bañarse contemplando el plancton luminiscente.

 Autora: La col china.

*Significa algo así como “lady sexy”.
** La prisión s-21 ahora alberga un museo para preservar la memoria histórica.
***(algunos de los ex-carceleros dicen que la cifra se eleva a 30.000
**** S. Tarr se pronuncia de modo muy similar o idéntico a Esther
***** Cerveza con limón, lo que se dice una shandy, una pika,  una clara, o incluso "champú" si hablas francés raro del sur de la France.

martes, 20 de diciembre de 2016

Necro-lógicas III. El espíritu buuuuuuuuu-rocrático

Como veis,  le estoy cogiendo gustico a esto de escribir sobre temas relacionados con la muerte.
En Pekín, cerca del Estadio de los Trabajadores, se encuentra el Tempo DongYue (). Está dedicado a la deidad del Monte Tai, pero lo más interesante es que tiene una zona muy amplia en la que se explica el organigrama de la Administración Pública de la eternidad. Sí, porque el funcionariado, en China, si eres taoísta, alcanza el más allá. Así te pueden hacer dar más vueltas: “No, eso no es aquí, tiene usted que bajar a la planta del inframundo y buscar la ventanilla número 666. Pregunte al señor rojo del tridente, si eso” 
Templo DongYue

Nada menos que 76 departamentos tiene el Otro Mundo Taoísta, todos representados por estatuas monstruosas que dejan poco a la imaginación y explicaciones  en chino y en inglés que a veces no resultan muy clarificadoras. Por ejemplo, hay dos departamentos dedicados a la firma y autenticación de documentos el “Departamento para la Firma de documentos” y “Departamento de la Firma” . es bastante difícil apreciar cuál es la diferencia, pero se puede respirar la agilidad y celeridad procedimental que exudan. Aunque, bueno, al menos es la eternidad, disponen de tiempo.



Explicación del objetivo
del Departamento Cazafantasmas.
Entre las 76 secciones existen desde luego algunas la mar de pintorescas, como la  de “Fantasmas errantes” o Cazafantasmas, como la llamo yo, que sirve para controlar a los fantasmikos malotes que por no portarse bien en vida han sido condenados a vagar por el mundo terrenal durante toda la eternidad, no pueden ir al otro. Es un departamento sumamente necesario, porque a los fantasmas les encanta, por ejemplo, ponerse la ropa colgada de los tendederos que están al aire libre y colarse en las casas de los vivos de ese modo. Así que cuidado con colgar los calzones o los pololos a la intemperie porque, además de traerte un espíritu a casa, igual acabas poniéndote ropa interior usada. Creo, por cierto, que este departamento tiene un pico de trabajo durante el séptimo mes lunar en el que, según las tradiciones budista y taoísta, se abren las puertas del infierno y los espíritus aprovechan para ir de viaje a la tierra a zampar y ya de paso a acogotar a los vivos. Los chinos lo llaman el “Festival del Fantasma Hambriento”.
Departamento de aves voladoras.

También hay un departamento que se dedica a las “Aves voladoras”. Está a cargo de investigar la multiplicación y muerte prematura de los pájaros que vuelan y aconseja a los humanos que no ataquen a las aves que surcan los cielos, a los pobres flamencos que los ondulen. Y ahora que lo pienso, a los pingüinitos también se les puede dar matarile impunemente.
Hombres sufriendo dos de los quince
tipos de muerte violenta.
De todos modos, mi preferido es “El Departamento Para Implementar Quince Tipos De Muerte Violenta”, que le voy a hacer si soy una romántica empedernida.  Además es muy importante estar preparada, a ver si me va a tocar matar a alguien salvajemente y yo sin saber cómo implementar la muerte violenta, quedando como una pazguata.


Al ver secciones tan heterogéneas, muchas veces muy poco relacionadas con el inframundo, uno se pregunta quién se encargó de crearlas. De todos modos, buscar lógica alguna a cuestiones religiosas de cualquier credo resulta absurdo. Y si no intentad explicar a algún budista por qué en la iconografía religiosa hay imágenes de Santa Lucía con sus ojitos puestitos a modo de canapé en un plato, o de los pechos de Santa Águeda, también servidos en una fuente, para disimular. Y, si queréis, hablando de platos de buen gusto podemos analizar la querencia bíblica de poner cabezas en bandejas. Véanse las testas de Holofernes y San Juan Bautista, por cortesía de Judith y Salomé respectivamente. Por no mencionar la tendencia católica de guardar relicarios con trocitos de Santos, Vígenes y Apóstoles. Por ejemplo, en la Catedral de Oviedo hay una reliquia muy cuqui que contiene la leche de la Virgen María. Dicen que es la releche.   
Firmado: La Col-china.

lunes, 5 de diciembre de 2016

Crónicas mosquiteras (y 9)

Miércoles

He dormido como un tronco. Tengo la cabeza libre de preocupaciones, dolores, todo. Es como dicen que tiene que ser meditar. Me siento doce veces vivo. Me ducho. Voy a echar de menos el olor a amoniaco fermentando. Echo un vistazo al lado del inodoro donde he seguido vertiendo de tanto en cuanto gel de ducha para que pelee con los estreptococos (o lo que sea). Tiene pinta de sopa primigenia.  Me vuelvo a montar en la misma furgoneta que a la ida, el mismo conductor, y por lo tanto sé lo que toca. Mi vuelo sale por la tarde así que me van a llevar primero a la capital, que rima con pala, pero no es Albacete, a las oficinas del cliente: comer y pasar el rato, y después me trasladarán al aeropuerto. Paso el rato observando a la gente alrededor, caminando aparentemente sin mucho rumbo, en los arcenes o en medio de algún campo. Arrastrando bicis, portando cosas en la cabeza como las antiguas películas de exploradores en blanco y negro (se me cae la mandíbula de pensar en el chiste obvio), pero esta vez, en lugar de llevar fardos rectangulares atados con correas, portan barreños de plástico rosa u ordenadores de sobremesa. También hay vacas pastando con unos cuernos descomunales. Todos impasibles delante del circular caótico de coches. Cuando paseo por Beijing, o por cualquier otra ciudad, y fijo la mirada en un paseante solitario, muchas veces mi mente empieza a elucubrar sobre las historias que hay detrás, inventa momentos en habitaciones minúsculas, en sótanos hacinados, inventa líneas de trabajo serializado que roban el alma humana, pero aquí no sé qué inventar.
Llegamos a la ciudad (que, repito, rima con impala) por una carretera que probablemente sea la entrada principal pero que no es más que una vía de doble sentido sin arcén, y al cabo de un rato empezamos a cruzar un desguace, allí mismo, dentro de la capital. Un desguace que se extiende lo que yo calculo que debe ser un kilómetro al menos, con coches en ruinas alrededor, carteles que anuncian venta de piezas de repuestos, gente apoyada en las puertas desvencijadas, gente durmiendo dentro de los capós traseros de automóviles sin ruedas, sin ventanas, sin retrovisores, sin asientos, realmente esqueletos de coches devorados, y más arriba, unos pájaros gigantes que mi imaginación quiere convertir en buitres, pero son simplemente aves muy grandes. Un entorno ideal para Salgado, en el que quizás haya hecho fotos, perfecto para maravillarse y horrorizarse con el estado del mundo. Siempre lo mismo.


Y entramos en las oficinas. Dejo las maletas y me llevan a comer. Para celebrar el último día como las mismas especialidades chinas de siempre, entre conversaciones insulsas y alguna felicitación por lo bien que manejo los palillos. Yo también estoy orgulloso. El idioma no, pero los palillos los clavo. Volvemos a la oficina, que está en un área residencial sobre las colinas y desde allí todo se ve precioso, incluso el desguace (miento, no se puede ver, pero lo que importa es la intención). Al lado está el gran lago, que rima con victoria. Vuelvo a coger la maleta y me monto en un todoterreno que me lleva por fin al aeropuerto. Quedan unas horas.  Busco un enchufe en el bar y pido una Cerveza marca Nile. Pienso en alguna comparación idiota entre el líquido en la botella y el agua del rio siendo turbinada. Beber ésto es lo más local que he hecho en todo el viaje. Pero ni siquiera estoy seguro de que sea realmente una cerveza local.

Finiquitado por: El col-chino